Perspectivas en Tecnología Energética 2026

Competencia industrial, geopolítica tecnológica y seguridad de cadenas de suministro redefinen la transición energética global

Por Energy Insights

La transición energética global está entrando en una nueva etapa. Después de más de una década dominada principalmente por objetivos climáticos, subsidios y despliegue acelerado de tecnologías limpias, el debate internacional comienza a desplazarse hacia una dimensión mucho más compleja: competitividad industrial, control tecnológico, resiliencia de cadenas de suministro y seguridad económica.

De acuerdo a la Agencia Internacional de Energía (AIE) se confirma que las tecnologías limpias ya dejaron de ser únicamente un componente de política ambiental para convertirse en uno de los principales campos de competencia económica y geopolítica del siglo XXI. La velocidad de crecimiento de los mercados de energía limpia continúa siendo extraordinaria, pero al mismo tiempo aumentan las tensiones comerciales, la concentración industrial y las disputas estratégicas entre regiones y países.

La conclusión central es contundente: la transición energética no se está desacelerando, pero sí está cambiando profundamente de naturaleza.

El mercado global de tecnologías limpias alcanza escala estructural

Durante la última década, el valor combinado del mercado global de tecnologías limpias creció aproximadamente 20% anual, alcanzando cerca de 1.2 billones de dólares en 2025. Incluso bajo escenarios conservadores de política pública, la AIE proyecta que este mercado se duplique hacia 2035 hasta aproximarse a 2 billones de dólares, equivalente al tamaño del mercado petrolero mundial actual.

Bajo escenarios de mayor apoyo político y expansión tecnológica, el valor podría acercarse a 3 billones de dólares hacia mediados de la próxima década. El elemento más relevante es que las tecnologías limpias están dejando de depender exclusivamente de subsidios y regulación. En varios segmentos, particularmente solar fotovoltaica, baterías, autos eléctricos y bombas de calor, la competitividad económica comienza a convertirse en el principal impulsor de mercado.

Actualmente, alrededor del 80% de la generación solar y eólica mundial ya opera a costos nivelados inferiores a los del carbón o gas natural. Paralelamente, los precios de baterías han caído 75% en la última década, impulsando el crecimiento de la movilidad eléctrica y aumentando la viabilidad técnica de sistemas eléctricos basados en renovables variables.

Los vehículos eléctricos emergen claramente como el eje económico dominante de la transición energética. Para 2035 representarán aproximadamente tres cuartas partes del valor total del mercado global de tecnologías limpias en prácticamente todos los escenarios analizados por la AIE.

Sin embargo, el crecimiento del mercado no implica necesariamente estabilidad industrial o geopolítica.

La transición energética entra en una etapa de competencia industrial global

Uno de los mensajes más importantes es que la transición energética ya se encuentra profundamente vinculada a políticas industriales nacionales y rivalidades geoeconómicas.

China mantiene una posición dominante prácticamente en todas las cadenas globales de suministro de tecnologías limpias. Dependiendo del sector, concentra entre 60% y 85% de la capacidad manufacturera global, y en algunos eslabones críticos supera incluso el 95%.

Esta concentración se ha convertido en uno de los principales focos de preocupación para Europa, Estados Unidos, India y otras economías industriales.

La ventaja competitiva china no responde únicamente a bajos costos laborales. La AIE ha identificado que la posición del país es resultado de décadas de acumulación industrial, innovación, integración de cadenas de suministro, producción a gran escala, acceso preferencial a recursos, eficiencia manufacturera y apoyo político-financiero sostenido.

En respuesta, numerosas economías están adoptando una postura crecientemente defensiva mediante aranceles, subsidios industriales y estrategias de relocalización manufacturera.

Sin embargo, se identifica que el comercio internacional seguirá siendo absolutamente central para la transición energética. Incluso bajo escenarios de mayores restricciones comerciales, el valor del comercio global neto de tecnologías limpias crecería desde 290 mil millones de dólares en 2025 hasta alrededor de 620 mil millones en 2035.

China seguirá siendo el principal exportador mundial con exportaciones netas proyectadas cercanas a 375 mil millones de dólares en 2035, equivalentes aproximadamente al 10% de sus exportaciones totales actuales de bienes.

Vehículos eléctricos: el nuevo frente geopolítico

El mercado global de vehículos eléctricos se está convirtiendo en uno de los principales espacios de competencia estratégica internacional.

Las exportaciones chinas de vehículos eléctricos alcanzaron aproximadamente 50 mil millones de dólares en 2025 y continúan expandiéndose rápidamente. Frente a restricciones comerciales crecientes en Estados Unidos y Europa, China está redireccionando agresivamente sus exportaciones hacia economías emergentes.

Mientras en 2020 los mercados emergentes representaban menos del 5% de las exportaciones chinas de vehículos eléctricos, actualmente representan cerca del 40%.

La tendencia es particularmente visible en América Latina. La AIE proyecta que hacia 2035 los vehículos eléctricos chinos podrían representar alrededor de la mitad de las ventas totales de VEs en Centroamérica y Sudamérica.

Europa intenta contener parcialmente la penetración china mediante derechos compensatorios, buscando mantener la participación de vehículos chinos alrededor del 20% del mercado regional. Sin embargo, debido al tamaño absoluto del mercado europeo, la región seguirá siendo uno de los principales motores de crecimiento para las exportaciones chinas.

En contraste, el mercado norteamericano permanece prácticamente cerrado a importaciones chinas bajo los escenarios actuales.

La consecuencia es clara: la transición energética está fragmentando crecientemente los mercados tecnológicos globales en bloques regionales con mayores tensiones comerciales e industriales.

Las cadenas de suministro emergen como la principal vulnerabilidad

La AIE identifica que uno de los mayores riesgos estructurales para la transición energética global es la concentración extrema de cadenas de suministro.

Aunque la producción fuera de China podría, en teoría, cubrir gran parte de la demanda agregada mundial, prácticamente todas las cadenas estratégicas contienen al menos un eslabón donde menos de una cuarta parte de la oferta fuera de China podría satisfacer la demanda internacional.

La vulnerabilidad es particularmente severa en minerales críticos, refinación de materiales y componentes intermedios.

Los elementos de tierras raras utilizados en motores eléctricos, turbinas eólicas, drones y centros de datos representan uno de los casos más delicados. China domina ampliamente la refinación global de estos materiales, situación que cobró relevancia tras recientes restricciones chinas a exportaciones de tierras raras.

Se advierte que incluso interrupciones temporales podrían tener consecuencias económicas relevantes. Cada mes de interrupción en exportaciones chinas de cadenas de suministro de baterías implicaría pérdidas cercanas a 17 mil millones de dólares en producción de fábricas de vehículos eléctricos fuera de China, afectando particularmente a Europa.

En solar fotovoltaica, una interrupción mensual de exportaciones chinas de componentes podría generar pérdidas de alrededor de mil millones de dólares en producción manufacturera fuera de China, especialmente en India y Sudeste Asiático.

La transición energética, por tanto, enfrenta una paradoja estructural: mientras busca reducir dependencia de combustibles fósiles, simultáneamente está generando nuevas dependencias industriales y tecnológicas.

El auge de inversión manufacturera comienza a moderarse

Después del extraordinario crecimiento de inversión industrial observado entre 2021 y 2023, se identifican señales de desaceleración.

La inversión global en manufactura de tecnologías limpias cayó ligeramente desde 220 mil millones de dólares en 2023 hasta menos de 200 mil millones en 2024, y continuó moderándose durante 2025.

Parte importante de esta desaceleración responde al exceso de capacidad instalada, particularmente en solar fotovoltaica y baterías. La industria global parece estar entrando en una etapa de consolidación y racionalización de capacidad después del ciclo acelerado de expansión post-pandemia.

Sin embargo, la inversión no desaparece; simplemente cambia de lógica. Hacia adelante, gran parte de la inversión manufacturera estará impulsada por estrategias de diversificación geográfica y seguridad de suministro más que únicamente por crecimiento de demanda.

En este contexto, la participación combinada de Estados Unidos y la Unión Europea en inversión global manufacturera de tecnologías limpias podría aumentar desde menos de 25% actualmente hasta más de 35% hacia 2031-2035.

Hidrógeno, CCUS y materiales de bajas emisiones: crecimiento lento, pero estratégico

Se destaca que tecnologías menos maduras continúan avanzando, aunque más lentamente de lo esperado hace algunos años.

La inversión global en hidrógeno de bajas emisiones alcanzó cerca de 8 mil millones de dólares en 2025, creciendo 80% interanual. Al mismo tiempo, la inversión anual en captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS) superó los 5 mil millones de dólares, más de 15 veces superior al nivel observado en 2020.

Sin embargo, la mayoría de los proyectos anunciados aún no alcanzan decisiones finales de inversión. En acero verde, por ejemplo, solo 5% de la nueva capacidad anunciada ha llegado a FID.

La principal limitante sigue siendo económica. Materiales de emisiones casi nulas como acero, cemento, aluminio y amoniaco continúan enfrentando primas de costo elevadas frente a tecnologías convencionales, lo que hace indispensable el apoyo de política pública para escalar producción.

Aun así, se identifica importantes oportunidades futuras, particularmente en regiones con energía renovable abundante y de bajo costo.

 Energía barata vuelve a definir competitividad industrial

Uno de los mensajes más relevantes de la AIE es que los costos energéticos vuelven a convertirse en factor determinante de competitividad industrial global.

En industrias intensivas en energía, como acero, químicos, aluminio o fertilizantes,  la energía puede representar más de dos terceras partes de los costos totales de producción.

La experiencia reciente es contundente. Durante la crisis energética de 2022, Europa perdió competitividad industrial rápidamente debido a altos costos energéticos. En contraste, el acceso estadounidense a shale gas barato fortaleció significativamente su posición petroquímica global.

Hacia adelante, regiones con abundante energía renovable barata podrían adquirir ventajas competitivas estructurales importantes. Medio Oriente, Norte de África, India y algunas regiones del Sudeste Asiático aparecen como potenciales ganadores industriales de la transición energética.

La AIE incluso plantea escenarios donde fabricar ciertos componentes parcialmente en regiones energéticamente competitivas y ensamblarlos en mercados avanzados podría reducir significativamente brechas de costos frente a China.

En otras palabras, la transición energética también está redefiniendo la geografía industrial global.

Inteligencia artificial, fusión nuclear y tecnologías emergentes

La AIE dedica atención importante a tecnologías aún incipientes, pero con potencial disruptivo extraordinario.

La fusión nuclear, enfriamiento de estado sólido, electrólisis directa de hierro, nuevos procesos de cemento y producción electroquímica de amoniaco están captando crecientes flujos de capital de riesgo.

Aunque la AIE considera improbable que estas tecnologías alcancen participación significativa de mercado durante la próxima década, advierte que su eventual éxito podría transformar profundamente sectores industriales completos hacia mediados de siglo.

La inteligencia artificial también emerge como un acelerador potencial de innovación energética debido a menores costos computacionales, disponibilidad de datos y avances en capacidades de modelación y optimización.

Sin embargo, se mantiene cautela respecto a los tiempos reales de comercialización y escalamiento industrial.

Una transición energética cada vez más geopolítica

La conclusión general es que la transición energética está dejando atrás una etapa centrada exclusivamente en descarbonización para entrar plenamente en una fase de competencia industrial, tecnológica y geopolítica.

Las decisiones de política energética ahora están estrechamente vinculadas con manufactura avanzada, seguridad nacional, resiliencia de cadenas de suministro y posicionamiento estratégico internacional.

La transición continúa avanzando rápidamente, pero el éxito económico de cada región dependerá menos de adoptar tecnologías limpias y más de su capacidad para integrarse competitivamente dentro de las nuevas cadenas globales de valor energético.

La próxima década no solo definirá quién lidera la transición energética. Definirá también quién controla las industrias, tecnologías y cadenas de suministro que sostendrán la economía global de mediados del siglo XXI.

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