Reporte de Mercado de Gas Natural 2Q 2026

Medio Oriente redefine el mercado global de gas, acelera la competencia por GNL y reconfigura la seguridad energética internacional

Por Energy Insights

El segundo trimestre de 2026 marcó un punto de inflexión para el mercado global de gas natural y gas natural licuado (GNL). Lo que inicialmente parecía una etapa de relajamiento gradual de balances internacionales, impulsada por nueva capacidad de exportación y mayores volúmenes de oferta, se transformó abruptamente en una nueva crisis energética global tras el conflicto militar en Medio Oriente y el cierre de facto del Estrecho de Ormuz.

La guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel no solo alteró el mercado petrolero internacional. También provocó uno de los mayores choques de suministro en la historia reciente del mercado global de gas natural. La pérdida temporal de cerca del 20% del suministro mundial de GNL generó una combinación altamente disruptiva de volatilidad extrema de precios, reasignación acelerada de cargamentos, destrucción de demanda y revisión estructural de las perspectivas de oferta mundial hacia el final de la década.

El impacto trascendió rápidamente el ámbito energético. La crisis comenzó a modificar flujos comerciales internacionales, prioridades de inversión, estrategias de seguridad energética y relaciones geopolíticas entre productores y consumidores de gas natural.

Un mercado que iniciaba 2026 bajo condiciones más favorables

Antes del conflicto, el mercado internacional de GNL mostraba señales claras de estabilización. Durante la temporada invernal 2025-2026, el comercio global de GNL creció 12% interanual, equivalente a aproximadamente 29 mil millones de metros cúbicos (bcm), impulsado principalmente por nueva capacidad de licuefacción en Norteamérica y mayores niveles de producción de exportadores tradicionales.

Estados Unidos desempeñó un papel central en este proceso. La planta Plaquemines LNG, en Louisiana, explicó por sí sola casi la mitad del crecimiento incremental de oferta durante el periodo octubre-febrero, contribuyendo significativamente al relajamiento de balances internacionales. Como resultado, los precios internacionales del gas comenzaron a moderarse. En Europa, el índice TTF cayó 24% interanual durante los primeros dos meses de 2026, mientras que en Asia el indicador Platts JKM retrocedió 27% respecto al año anterior.

La combinación de menores precios y temperaturas más frías impulsó una recuperación moderada de demanda en Asia, donde el consumo aumentó aproximadamente 2% interanual durante el invierno. Europa, por el contrario, mantuvo una ligera contracción cercana a 1%, principalmente debido al fuerte crecimiento de generación renovable, particularmente eólica e hidroeléctrica, que desplazó parcialmente el uso de gas en el sector eléctrico.

Sin embargo, incluso bajo un entorno de precios más bajos, Europa continuó incrementando importaciones de GNL hasta niveles récord, consolidando estructuralmente al gas licuado como fuente estratégica de suministro base ante la caída persistente de producción doméstica y menores importaciones vía ducto.

El invierno también evidenció nuevamente la creciente vulnerabilidad energética derivada de eventos climáticos extremos. La tormenta invernal Fern en Estados Unidos, la tormenta Goretti en Europa y la ola de frío en Asia Oriental provocaron picos de demanda cercanos a niveles históricos, subrayando la importancia de contar con sistemas flexibles de suministro de gas en economías crecientemente dependientes de generación renovable intermitente.

El cierre de Ormuz cambia radicalmente el mercado mundial de GNL

La situación cambió abruptamente a partir de marzo. El cierre operativo del Estrecho de Ormuz transformó por completo los balances internacionales de gas natural y GNL.

La producción mundial de GNL, que venía creciendo a tasas de doble dígito, registró una caída de 8% interanual en marzo, equivalente a aproximadamente 4 bcm. Los embarques provenientes de Qatar y Emiratos Árabes Unidos disminuyeron 9.5 bcm respecto al año anterior, generando el mayor choque de suministro observado en el mercado internacional de GNL desde la crisis energética de 2022-2023.

Aunque nuevos proyectos en Norteamérica y África lograron compensar parcialmente las pérdidas, el mercado enfrentó rápidamente un entorno de fuerte tensión física. Durante los primeros veinte días de abril, las entregas globales de GNL ya acumulaban una caída cercana al 10% interanual, equivalente a más de 3 bcm.

La interrupción del flujo de cargamentos desde Medio Oriente provocó un endurecimiento inmediato de balances internacionales y una explosión de volatilidad. En marzo, los precios spot alcanzaron sus niveles más altos desde enero de 2023. El TTF europeo promedió 18 dólares por millón de BTU, mientras el Platts JKM asiático se aproximó a 21 dólares por millón de BTU.

Más relevante aún fue el nivel de volatilidad alcanzado. La volatilidad del TTF se elevó hasta 160%, su mayor nivel desde septiembre de 2023, mientras que el JKM asiático alcanzó niveles cercanos a 300%, máximos no vistos desde marzo de 2022.

El mercado asiático recuperó rápidamente una prima significativa frente a Europa. Mientras durante enero y febrero Europa cotizaba por encima de Asia, en marzo el diferencial cambió drásticamente y Asia pasó a operar con una prima promedio de 2.8 dólares por millón de BTU sobre el mercado europeo. Esto incentivó el redireccionamiento de cargamentos flexibles desde Europa hacia Asia, intensificando aún más la competencia global por suministro disponible.

La geopolítica del GNL entra en una nueva etapa

El conflicto no solo alteró los balances inmediatos del mercado. También modificó de manera importante las perspectivas estratégicas de mediano plazo para el sector global de GNL.

Qatar emerge como uno de los principales puntos críticos de esta nueva realidad. Los daños ocasionados a infraestructura de licuefacción y el retraso potencial del proyecto North Field East modifican significativamente las expectativas de crecimiento global de oferta hacia el final de la década.

Las pérdidas de suministro provenientes de Qatar y Emiratos Árabes Unidos durante marzo y abril se estiman en aproximadamente 20 bcm. Sin embargo, el verdadero impacto se encuentra en el horizonte 2026-2030. Bajo un escenario de reparación prolongada, la capacidad exportadora qatarí podría reducirse acumuladamente en cerca de 70 bcm hacia 2030. Adicionalmente, el retraso del proyecto North Field East podría eliminar otros 20 bcm adicionales de oferta potencial.

En conjunto, el conflicto ya implica una pérdida acumulada cercana a 120 bcm de suministro mundial de GNL para el periodo 2026-2030, equivalente aproximadamente al 15% del crecimiento esperado de oferta global para dicho periodo.

Esto modifica estructuralmente las expectativas del mercado internacional. La denominada “ola de GNL”, que prometía una etapa de relajamiento de balances internacionales impulsada por nueva capacidad exportadora, podría retrasarse al menos dos años.

En este contexto, Estados Unidos fortalece aún más su posición estratégica dentro del mercado mundial de gas natural. Las autorizaciones otorgadas por el Departamento de Energía para expandir exportaciones desde Plaquemines LNG y Elba Island LNG reflejan la creciente relevancia geopolítica del gas estadounidense como instrumento de estabilidad energética internacional.

Al mismo tiempo, Australia, Singapur y otros actores asiáticos comenzaron a fortalecer mecanismos de cooperación para asegurar cadenas de suministro esenciales, evidenciando que el mercado global de GNL está entrando en una etapa de mayor regionalización estratégica y creciente intervención gubernamental.

La demanda comienza a ajustarse

El impacto sobre precios y disponibilidad comenzó rápidamente a trasladarse hacia la demanda. Diversos países asiáticos implementaron medidas de reducción de consumo y sustitución de combustibles para limitar exposición a precios elevados.

Europa también registró una caída aproximada de 4% interanual en consumo de gas durante marzo, equivalente a cerca de 2 bcm, impulsada principalmente por una mayor generación eólica e hidroeléctrica que redujo el uso de gas en el sector eléctrico.

La duración del cierre parcial de Ormuz se convirtió así en la principal variable de incertidumbre para el mercado mundial. Cada mes sin tránsito regular de cargamentos a través del Estrecho representa aproximadamente 10 bcm de pérdida de suministro global, afectando directamente perspectivas de crecimiento económico y balances energéticos internacionales.

Implicaciones para México

Aunque México no depende directamente de importaciones de GNL provenientes de Medio Oriente, el conflicto sí tiene implicaciones relevantes para el país debido a su elevada integración con el mercado energético norteamericano y su creciente exposición a la dinámica global de gas natural.

En primer lugar, la mayor demanda internacional por GNL estadounidense fortalece el posicionamiento estratégico de Estados Unidos como proveedor energético global, incrementando potencialmente la presión sobre infraestructura exportadora y sobre los balances regionales de gas en Norteamérica.

En segundo término, una mayor volatilidad internacional en precios de gas puede trasladarse indirectamente al mercado mexicano vía referencias estadounidenses como Henry Hub, afectando costos de generación eléctrica e insumos industriales en sectores altamente intensivos en energía, particularmente manufactura, petroquímica, acero, vidrio, cemento y fertilizantes.

La crisis también refuerza la relevancia estratégica de fortalecer la infraestructura nacional de almacenamiento, transporte y flexibilidad operativa de gas natural en México. La elevada dependencia mexicana de importaciones de gas vía ducto desde Estados Unidos continúa siendo una fortaleza competitiva bajo condiciones normales de mercado, pero también representa una vulnerabilidad potencial ante escenarios de tensión internacional prolongada o creciente competencia global por moléculas estadounidenses.

Finalmente, el entorno actual vuelve a colocar en el centro del debate la necesidad de avanzar hacia una política energética que combine seguridad de suministro, resiliencia logística y diversificación de fuentes energéticas. La crisis de 2026 confirma que los mercados energéticos globales continuarán profundamente influenciados por factores geopolíticos, y que la seguridad energética vuelve a consolidarse como un componente central de competitividad económica e industrial para los próximos años.

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