Por Amado Villarreal
En Perspectiva
En la perspectiva global, el almacenamiento está dejando de ser una solución complementaria para convertirse en un activo estratégico. Su desarrollo, acompañado de redes inteligentes y nuevas señales de mercado, abre oportunidades para la industria, los inversionistas y el propio sistema eléctrico.
La transición energética está entrando en una nueva etapa. Durante los últimos años, la atención se concentró en incrementar la capacidad de generación renovable. Ahora, el crecimiento de la demanda eléctrica y la expansión acelerada de las fuentes solares y eólicas están trasladando el desafío hacia la capacidad de los sistemas para transportar, almacenar y entregar la electricidad cuando realmente se necesita.
Comienza así la era de la flexibilidad eléctrica.
Basado en las perspectivas de la Agencia Internacional de Energía (AIE), la demanda mundial de electricidad crecerá 3.6% en 2026 y 3.8% en 2027, frente al 3% registrado en 2025.
Esta expansión ya no responde únicamente al crecimiento económico. La electrificación industrial, los vehículos eléctricos, los sistemas de aire acondicionado, las bombas de calor y, especialmente, los centros de datos y la inteligencia artificial están modificando estructuralmente el perfil del consumo.
Al mismo tiempo, las energías renovables asumirán un papel dominante. En 2026, su generación superará por primera vez a la producida con carbón. La solar fotovoltaica será la principal fuente incremental y superará a la eólica como la segunda mayor tecnología renovable, solamente por debajo de la hidroeléctrica.
El crecimiento simultáneo de la demanda y de la generación variable plantea una nueva pregunta estratégica: ¿Cómo garantizar que la electricidad disponible en un momento y lugar determinados pueda utilizarse cuando el sistema, las empresas y los consumidores realmente la necesitan?
Del problema de generación al desafío de integración
La incorporación de capacidad renovable no garantiza por sí sola un suministro confiable y competitivo. La electricidad solar se produce principalmente durante el día, mientras que una parte importante de la demanda máxima ocurre al final de la tarde o por la noche. La generación eólica, por su parte, puede variar rápidamente y no necesariamente coincide con el comportamiento del consumo.
Los precios negativos registrados en diversos mercados, como el español, muestran que algunos sistemas ya incorporan energía renovable a un ritmo mayor que su capacidad para transportarla, almacenarla o desplazar el consumo hacia las horas de mayor disponibilidad.
Esta situación no significa que la electricidad haya perdido valor. Significa que el sistema carece de suficientes recursos para aprovecharla. La energía puede ser abundante y económica al mediodía, pero escasa y costosa algunas horas después.
La volatilidad resultante está creando un nuevo espacio de valor. Durante las olas de calor de junio de 2026, algunos mercados europeos registraron diferencias de hasta 600 USD/MWh entre los precios mínimos del mediodía y los máximos de la tarde-noche.
El valor futuro del mercado eléctrico no estará determinado exclusivamente por quién pueda generar más energía, sino por quién tenga la capacidad de administrarla, almacenarla y entregarla oportunamente.
El almacenamiento como activo estratégico
El almacenamiento permite separar dos momentos que tradicionalmente ocurrían de manera simultánea: la producción o adquisición de electricidad y su utilización.
Una batería puede cargarse cuando existe abundancia de energía solar o cuando las condiciones de suministro son más convenientes, y descargarse durante periodos de mayor demanda, precios elevados o interrupciones.
Sin embargo, una batería no genera valor por la tecnología en sí misma. Su rentabilidad depende del problema que resuelve, su ubicación, su configuración regulatoria y los ingresos, ahorros o riesgos que efectivamente puede capturar, ya sea una planta industrial, una central renovable, un desarrollador o bien las mismas instituciones públicas como CENACE y CFE en México.
El almacenamiento no constituye, por tanto, un solo negocio. Es una plataforma capaz de prestar distintos servicios de acuerdo con las necesidades de cada usuario y del sistema.
El gran reto: transformar todo el sistema
Michael Spence, Premio Nobel de Economía 2001, había advertido en 2024 que la transición no puede limitarse a sustituir centrales fósiles por renovables. Es necesario transformar de manera coordinada la generación, la transmisión, la distribución y el almacenamiento.
La base de esta transformación serán las redes inteligentes: infraestructura física y digital capaz de integrar fuentes variables, baterías, generación distribuida, vehículos eléctricos y consumidores que pueden ajustar sus cargas.
El reto es técnico, financiero e institucional. La AIE ha estimado que la inversión mundial anual en redes inteligentes deberá duplicarse, de aproximadamente 300,000 millones a 600,000 millones de dólares hacia 2030.
También será necesario determinar quién financiará la infraestructura, cómo se distribuirán los costos y de qué manera se coordinarán empresas eléctricas, reguladores, inversionistas, proveedores tecnológicos y consumidores.
Spence resume esta necesidad mediante dos funciones indispensables: un banquero, capaz de movilizar los recursos financieros, y un arquitecto, responsable de coordinar la transformación integral del sistema. Ambas funciones requerirán participación pública, inversión privada y una visión de largo plazo.
México comienza a abrir el mercado
México enfrenta las mismas presiones: crecimiento de la demanda, expansión de la generación solar, dependencia del gas natural y limitaciones en determinadas regiones de transmisión y distribución.
Las disposiciones publicadas en el primer semestre de 2026 para integrar Sistemas de Almacenamiento de Energía Eléctrica (SAEE) al Sistema Eléctrico Nacional (SEN) representan un avance estratégico. El nuevo marco reconoce distintas modalidades de participación y abre oportunidades para consumidores industriales, generadores renovables, desarrolladores, suministradores, inversionistas y proveedores.
El PLADESE 2025–2039 proyecta la incorporación de aproximadamente 5,000 MW de almacenamiento hacia 2030 y 8,647 MW hacia 2039. Esto anticipa un mercado que abarcará no solamente baterías, sino también ingeniería, sistemas de control, construcción, operación y mantenimiento, analítica, ciberseguridad, financiamiento, seguros, garantías de desempeño, reciclaje y modelos como Energy Storage as a Service.
Las nuevas disposiciones también permiten que CENACE contrate almacenamiento cuando resulte más eficiente que desarrollar infraestructura convencional para atender necesidades de confiabilidad, congestión o integración renovable.
No obstante, la regulación constituye apenas el punto de partida. La formación efectiva del mercado dependerá de reglas operativas, procesos de interconexión, mecanismos de liquidación, estudios nodales y señales de inversión que permitan identificar dónde tiene mayor valor la flexibilidad.
Oportunidades para los tomadores de decisiones
La “Era de la Flexibilidad” abre distintos espacios de oportunidad: Para los consumidores industriales, administrar cargas, proteger procesos críticos y combinar generación solar con almacenamiento. Para los desarrolladores e inversionistas, construir activos independientes y modelos de ingresos basados en energía, Potencia, Servicios Conexos y contratos de respaldo. Para los generadores renovables, convertir la variabilidad en capacidad de entrega y mejorar el aprovechamiento de sus activos. Para los proveedores, participar en una cadena de valor que comprende ingeniería, integración, software, seguridad, mantenimiento, financiamiento y optimización. Y para el sector público y los operadores del sistema, utilizar el almacenamiento como alternativa para fortalecer redes, resolver congestiones y diferir inversiones convencionales.
La transición eléctrica ha dejado de ser únicamente una carrera por instalar más generación renovable. Su siguiente frontera será desarrollar redes, almacenamiento, respuesta de la demanda y sistemas digitales capaces de coordinar todos los recursos.
En la era de la flexibilidad eléctrica, la ventaja estratégica no pertenecerá necesariamente a quien genere más energía, sino a quien pueda decidir cuándo, dónde y para qué utilizarla.
Finalmente, más allá de la regulación misma completa o imperfecta, ¿contamos con los banqueros y arquitectos que transformen de forma integral el sistema con visión de largo plazo y con ello se logre atender la creciente demanda eléctrica y aseguren la competitividad y el desarrollo económico del país?


