Empleo Mundial en el Sector Energético 2025

Por Energy Insights

Introducción

En 2024, el sector energético volvió a consolidarse como uno de los principales motores de creación de empleo a nivel global. Por tercer año consecutivo, el crecimiento del empleo en esta industria superó al del conjunto de la economía, impulsado por la continuidad de una fuerte inversión en infraestructura energética. El empleo en el sector aumentó 2.2%, casi el doble de la tasa observada en la economía global (1.3%), elevando el número total de trabajadores a 76 millones.

Desde 2019, el sector energético ha incorporado 5.4 millones de empleos, lo que equivale a aproximadamente 2.4% de todos los nuevos puestos de trabajo generados en el mundo. En economías clave, su peso ha sido aún más significativo: desde 2022, uno de cada cinco nuevos empleos creados en China y uno de cada diez en Estados Unidos ha estado vinculado al sector energético. Este desempeño refleja un cambio estructural frente a las dinámicas previas a la pandemia, cuando la contribución del sector a la creación anual de empleo era sustancialmente menor.

El empleo en el sector eléctrico y las energías limpias

El sector eléctrico se ha convertido en el principal generador de empleo dentro de la industria energética, superando por primera vez al suministro de combustibles, en un contexto marcado por la aceleración de la denominada Era de la Electricidad. En los últimos cinco años, el empleo en este segmento —que abarca generación, transmisión, distribución y almacenamiento— se incrementó en 3.9 millones de puestos, concentrando cerca de tres cuartas partes de la creación total de empleo del sector energético.

La energía solar fotovoltaica ha sido el principal impulsor de esta expansión, al representar aproximadamente la mitad de los nuevos empleos generados en el sector eléctrico desde 2019. Otros segmentos estratégicos, como la energía nuclear, las redes eléctricas y el almacenamiento, aportaron conjuntamente alrededor de una cuarta parte del crecimiento del empleo en el periodo, pese a enfrentar presiones relevantes derivadas del aumento en los costos de los componentes y la escasez de talento especializado. En contraste, las condiciones adversas en el mercado de la energía eólica marina han limitado su dinamismo, con una contracción del empleo en la fabricación de turbinas, que registró una caída de 6% en 2024.

El empleo en la transición energética

La transición hacia la electrificación está redefiniendo no solo el volumen, sino también la composición del empleo en sectores vinculados al uso final de la energía. La fabricación de vehículos mantuvo una trayectoria de crecimiento, impulsada principalmente por la rápida expansión del empleo asociado a los vehículos eléctricos, que aumentó en casi 800,000 puestos durante el último año. En China, esta transformación es especialmente visible: cerca del 40% del empleo en la industria automotriz ya está relacionado con vehículos eléctricos y sus cadenas de valor, particularmente baterías.

De manera paralela, el empleo en otros usos finales de la energía creció 2%, con la electrificación de edificios e instalaciones industriales como uno de los principales motores. Este crecimiento combina procesos de reconversión y movilidad laboral , como técnicos en climatización que incorporan competencias para la instalación de bombas de calor o trabajadores del sector automotriz que transitan hacia líneas de ensamblaje de vehículos eléctricos,  con la creación de nuevos puestos en actividades emergentes, entre ellas la fabricación de baterías y la instalación de equipamiento industrial eléctrico.

El empleo en los hidrocarburos

La creciente demanda global de energía está impulsando la creación de empleo a lo largo de todo el sistema energético, más allá del segmento eléctrico. En los últimos años, el empleo en el suministro de carbón ha mostrado un repunte en economías como India, China e Indonesia, lo que llevó a que el nivel de empleo mundial en este segmento fuera 8% superior en 2024 respecto a 2019, pese a una contracción cercana al 20% en las economías avanzadas durante el mismo periodo.

Por su parte, el sector de petróleo y gas ha recuperado la mayor parte de los empleos perdidos en 2020, en paralelo con la expansión de la capacidad productiva a nivel global. No obstante, el entorno operativo comienza a mostrar señales de ajuste. La caída reciente en los precios del petróleo y la presión sobre los ingresos están llevando a varias grandes compañías del sector a anunciar recortes de empleo previstos para 2025, anticipando una nueva fase de racionalización de costos.

Comportamiento regional del empleo

Las economías emergentes y en desarrollo se consolidaron como el principal motor de crecimiento del empleo energético en 2024, en línea con su creciente peso como polos de expansión de la demanda energética global. El dinamismo laboral fue significativamente mayor en estas economías, con India registrando un crecimiento de 5.8%, Indonesia de 4.8% y Medio Oriente de 3.5%, frente a un avance de 2.2% en China y de apenas 0.4% en las economías avanzadas.

No obstante, el empleo energético continúa concentrándose de manera desproporcionada en países que cuentan con empresas energéticas consolidadas y cadenas de suministro maduras. Regiones como Medio Oriente, Corea y Canadá presentan una elevada intensidad laboral en el sector, donde más del 4% de la fuerza de trabajo está empleada en actividades energéticas, casi el doble del promedio mundial, estimado en 2%.

Perspectiva futura: escasez de recursos humanos, envejecimiento

En todos los escenarios de la Agencia Internacional de la Energía, la demanda de empleo en el sector energético continuará creciendo, aunque a un ritmo más moderado. Para 2025 se prevé una desaceleración del crecimiento del empleo a 1.3%, en línea con una expansión más lenta, pero aún positiva,  de la inversión energética, en un entorno marcado por la persistente incertidumbre económica y la volatilidad de los mercados energéticos. Bajo las políticas actuales, esta tendencia llevaría a un incremento de entre 3.4 y 4.6 millones de empleos hacia 2035, dependiendo del ritmo de desarrollo de la infraestructura energética.

El sector eléctrico seguirá concentrando la mayor parte del crecimiento neto del empleo; sin embargo, otros segmentos, como el suministro de petróleo, enfrentarán trayectorias divergentes en función de la evolución de las políticas públicas y de las condiciones del mercado. Este contexto refuerza la necesidad de enfoques flexibles en la planeación de la fuerza laboral, así como en las estrategias de contratación y retención. En todos los escenarios, la variable crítica será la capacidad de las empresas para asegurar mano de obra calificada, un desafío particularmente relevante en una trayectoria alineada con emisiones netas cero hacia 2050, donde las necesidades totales de empleo energético aumentarían en casi 15 millones de personas hacia 2035.

La escasez de talento calificado se ha consolidado como una de las principales preocupaciones del sector, especialmente en los puestos técnicos aplicados. De acuerdo con la Encuesta Anual de Empleo Energético de la AIE, en la que participaron más de 700 empresas, sindicatos e instituciones educativas, más de la mitad de los encuestados reportó cuellos de botella críticos en la contratación, profundizando una tendencia que se ha venido acentuando en los últimos años. Estos roles técnicos, que representan más de la mitad de la fuerza laboral energética, frente a apenas 25% en el resto de la economía,  han incorporado 2.5 millones de empleos desde 2019. Las mayores restricciones de oferta se concentran en ocupaciones como electricistas, tuberos, técnicos de líneas eléctricas e ingenieros, particularmente en el sector nuclear, muchas de las cuales ya enfrentan escasez estructural en la economía en general.

A este desafío se suma el envejecimiento de la fuerza laboral energética, que está intensificando las brechas de habilidades y disponibilidad de talento. La edad promedio del sector es superior a la del conjunto de la economía y no están ingresando suficientes trabajadores calificados para sustituir a quienes se retiran ni para cubrir la creciente demanda. En subsectores críticos como el nuclear y las redes eléctricas, por cada joven que se incorpora existen 1.7 y 1.4 trabajadores, respectivamente, próximos a la jubilación, frente a un promedio de 1.2 en la economía en su conjunto. La presión es aún mayor en las economías avanzadas, donde hay 2.4 trabajadores cercanos al retiro por cada trabajador menor de 25 años, comparado con una relación cercana a uno a uno en las economías emergentes. De mantenerse estas tendencias, entre hoy y 2035, dos de cada tres nuevas contrataciones en el sector energético serán necesarias únicamente para reemplazar a trabajadores que se jubilan.

El reemplazo y la reconversión laboral

La construcción de una cantera sólida de talento calificado se ha convertido en una prioridad estratégica para la seguridad energética. La capacidad de los países para garantizar el suministro, expandir y modernizar las redes eléctricas, escalar la manufactura de tecnologías limpias, extender la vida útil del parque nuclear o atraer inversión depende crecientemente de contar con la fuerza laboral adecuada. Esta restricción ya está generando impactos operativos concretos: cerca del 60% de las empresas del sector reporta escasez de personal, comprometiendo plazos de ejecución, confiabilidad del sistema y control de costos.

El desajuste entre oferta y demanda de talento se origina, en buena medida, en la limitada capacidad de los sistemas educativos para responder al ritmo de crecimiento del sector. Mientras que la demanda de trabajadores técnicos aplicados en la economía aumentó 16% entre 2015 y 2022, el número de egresados de programas vocacionales relevantes creció solo 9%. Como resultado, las empresas enfrentan crecientes dificultades para contratar y retener personal calificado, lo que ha llevado a casi la mitad a recurrir a la contratación desde industrias adyacentes o a intensificar los programas de capacitación interna. Para evitar que esta brecha se profundice hacia 2030, el flujo de nuevos egresados hacia el sector energético debería incrementarse en torno a 40% a nivel global, y aún más en un escenario alineado con emisiones netas cero hacia 2050. Lograr esta expansión requeriría una inversión anual cercana a 2,600 millones de dólares, equivalente a menos de 0.1% del gasto público mundial en educación. Algunas regiones ya muestran avances relevantes: en China, Indonesia y el norte de África, la proporción de jóvenes que eligen trayectorias formativas vinculadas a la energía aumentó 25% en la última década, mientras que Europa registra una de las participaciones más elevadas a nivel global.

La reconversión y movilidad interna de la fuerza laboral energética representan un segundo eje clave para cerrar las brechas de habilidades. Más del 40% de las empresas del sector prioriza el reclutamiento interno para preservar conocimiento especializado, y la mitad de los trabajadores de combustibles fósiles declara que buscaría permanecer dentro de la industria energética ante un cambio laboral. Con esquemas de capacitación focalizados, alrededor de dos tercios de los trabajadores del suministro de petróleo y gas cuentan con las competencias base necesarias para transitar hacia otros segmentos del sector, proporción que se reduce a cerca de la mitad en las cadenas de suministro de generación eléctrica fósil. En contraste, los trabajadores del carbón enfrentan mayores barreras de reconversión, especialmente en mercados con alta informalidad, lo que hace indispensable diseñar apoyos específicos para estas comunidades y garantizar una transición justa, gradual y centrada en las personas.

El impacto de la IA

La inteligencia artificial (IA) comienza a posicionarse como un habilitador relevante de productividad en el sector energético, aunque su impacto sobre la escasez estructural de talento técnico aplicado sigue siendo limitado. En el largo plazo, las empresas identifican los mayores beneficios de la IA en la eficiencia administrativa y en la optimización del desempeño de los sistemas, con aplicaciones iniciales que ya están acelerando procesos de permisos, fortaleciendo la seguridad operativa y mejorando la capacitación mediante herramientas de realidad virtual.

No obstante, el sector energético mantiene un rezago significativo frente a otras industrias en términos de capacidades en inteligencia artificial. La concentración de talento especializado en IA es aproximadamente 40% menor que en sectores como tecnología, finanzas, educación y medios. Si bien la inversión en habilidades y capacidades digitales está aumentando, los casos de uso actuales no están reduciendo de forma sustantiva la demanda de trabajadores técnicos aplicados en actividades de construcción, operación y mantenimiento. Estos roles continúan siendo mayoritariamente manuales y están dominados por tareas que, al menos en el corto y mediano plazo, la inteligencia artificial no puede sustituir de manera efectiva.

Políticas públicas en materia laboral y sus perspectivas

Los responsables de política pública disponen de un amplio abanico de instrumentos para atraer talento hacia la educación y la capacitación vinculadas al sector energético. De acuerdo con la Encuesta de Empleo Energético de la AIE, los principales obstáculos de entrada son los costos de formación, la pérdida de ingresos durante el proceso educativo y el bajo nivel de conocimiento sobre las opciones disponibles. Las experiencias más efectivas combinan incentivos financieros focalizados, esquemas de aprendizaje y campañas de promoción de carreras técnicas y vocacionales en energía. En este contexto, los programas orientados a incrementar la participación de mujeres en disciplinas técnicas, donde actualmente representan menos del 5% de la fuerza laboral,  destacan como una de las vías más eficaces para elevar su presencia total en el sector, que hoy ronda el 20%.

Desde el ámbito empresarial, la vinculación directa con instituciones educativas se ha intensificado como mecanismo para cerrar brechas de habilidades, ya sea mediante el patrocinio de estudiantes o a través de programas de capacitación diseñados para cubrir puestos de difícil ocupación, particularmente en trayectorias vocacionales y posgrados especializados. No obstante, la colaboración estructural en el desarrollo curricular sigue siendo limitada: menos de una cuarta parte de las empresas participa activamente en estos esfuerzos, pese a que una proporción significativa manifiesta interés en profundizar esta cooperación.

La capacidad de atraer y retener talento también depende de ofrecer condiciones laborales competitivas y una mayor calidad del empleo. Los resultados de la encuesta de la AIE muestran que el salario, la seguridad laboral y un entorno de trabajo seguro son los factores más relevantes para trabajadores y representantes sindicales, temas recurrentes en el diálogo social y la negociación colectiva del sector. Si bien los puestos especializados en energía suelen ofrecer remuneraciones superiores a empleos no especializados comparables, existen diferencias significativas entre subsectores. El petróleo, el gas y la energía nuclear presentan los niveles salariales más elevados, en línea con mayores exigencias técnicas y una mayor competencia por talento. En 2025, el petróleo y el gas lideraron los incrementos salariales en la mayoría de las regiones, con un promedio de 3.7%, seguidos por la energía nuclear con 3.2%, mientras que el carbón y las energías renovables registraron aumentos más moderados, de 1.2% y 0.8%, respectivamente.

En conjunto, el empleo energético está llamado a seguir siendo una fuente relevante de creación de empleo y un pilar del respaldo social a las políticas energéticas. A medida que la seguridad energética gana peso en las agendas nacionales, disponer de una fuerza laboral calificada resulta determinante para atraer cadenas de suministro, desplegar nuevos activos y garantizar operaciones confiables. Una acción coordinada entre gobiernos, industria y representantes laborales puede evitar que la escasez de talento se convierta en un cuello de botella estructural y, en cambio, permitir que el sector energético genere empleos de alta calidad, refuerce la competitividad y apoye el cumplimiento de los objetivos de seguridad y sostenibilidad de manera eficiente y asequible.

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