Por Energy Insights
El sistema eléctrico mundial está entrando en una etapa de expansión acelerada. A pesar del aumento de los precios energéticos, las tensiones geopolíticas y las interrupciones del suministro de gas natural licuado (GNL), la demanda de electricidad crecerá más rápidamente en 2026 y 2027 que durante el año anterior.
La Agencia Internacional de Energía (AIE) prevé que el consumo eléctrico mundial aumente 3.6% en 2026 y 3.8% en 2027, frente al 3% registrado en 2025. Con ello, el consumo alcanzaría 30,700 terawatts-hora (TWh) en 2027, comparado con 28,600 TWh en 2025.
Este crecimiento ya no responde únicamente al desempeño económico o al aumento de la población. La electrificación del transporte y la industria, la expansión de los centros de datos, la mayor penetración de equipos de aire acondicionado, bombas de calor y electrodomésticos están modificando estructuralmente el perfil de la demanda. La denominada Era de la Electricidad implica no solo mayor consumo, sino también nuevas exigencias de capacidad, redes, confiabilidad y flexibilidad.
Las grandes economías impulsan el crecimiento
China e India continuarán encabezando la expansión de la demanda eléctrica mundial. En China, se prevé que el crecimiento se acelere de 5.2% en 2025 a 5.5% en 2026, apoyado por la actividad manufacturera y el incremento de la recarga de vehículos eléctricos.
En India, la demanda crecería 7% durante 2026, después del moderado avance de 1.6% registrado el año anterior. La recuperación refleja una normalización frente a 2025, cuando la llegada anticipada del monzón redujo las necesidades de electricidad.
Estados Unidos también mantiene una trayectoria ascendente. Su demanda aumentaría cerca de 2% en 2026, impulsada principalmente por los centros de datos, la industria y el uso de aire acondicionado. La expansión de la inteligencia artificial y de la infraestructura digital está convirtiendo nuevamente al crecimiento de la carga eléctrica en una variable central para las decisiones de inversión y planeación energética.
En la Unión Europea, el consumo crecería alrededor de 2%, respaldado por la electrificación, las bajas temperaturas del primer trimestre y el mayor uso de sistemas de enfriamiento durante las olas de calor.
No todos los mercados cuentan con la misma capacidad para absorber el aumento de los costos. Bangladesh y Pakistán, altamente dependientes de importaciones de GNL y sensibles a los precios internacionales, implementaron medidas de conservación de combustibles que limitaron su consumo de electricidad. Esta diferencia muestra que la seguridad eléctrica depende tanto de la disponibilidad de generación como de la capacidad económica para adquirir combustibles.
La crisis del GNL modifica temporalmente la matriz
La interrupción de los flujos a través del estrecho de Ormuz retiró temporalmente del mercado cerca de 20% de la oferta mundial de GNL y llevó los precios del gas natural en Asia y Europa a sus niveles más altos desde la crisis energética de 2022-2023.
Las principales economías lograron mantener el suministro eléctrico mediante una combinación de nueva producción de GNL, diversificación de proveedores, crecimiento renovable y sustitución de combustibles. Sin embargo, los mayores precios del gas incentivaron un retorno parcial al carbón en algunos países asiáticos y europeos.
Como resultado, se prevé que la generación eléctrica con gas permanezca prácticamente sin cambios durante 2026. Este sería el tercer año de la última década sin un crecimiento anual significativo. Para 2027 se anticipa una recuperación, aunque condicionada por la evolución geopolítica y la normalización del comercio de GNL.
El regreso temporal al carbón también tendrá consecuencias ambientales. Las emisiones de dióxido de carbono del sector eléctrico aumentarían 1% en 2026, antes de estabilizarse en 2027. La expansión conjunta de las energías renovables, la generación nuclear y el gas natural permitiría atender la creciente demanda y comenzar a desplazar nuevamente al carbón.
Las renovables superan al carbón
El cambio más relevante en la matriz eléctrica mundial ocurrirá en 2026, cuando la generación procedente de fuentes renovables supere por primera vez a la generación con carbón.
Después de alcanzar niveles prácticamente equivalentes durante 2025, la producción renovable crecería más de 8% en 2026. Su participación en la generación mundial aumentará de 33% en 2025 a 37% en 2027.
La energía solar fotovoltaica continuará siendo la principal fuente del crecimiento. Su generación aumentaría alrededor de 600 TWh en 2026, prácticamente igualando la expansión récord de 2025, y registraría un incremento similar en 2027.
Con este avance, la solar fotovoltaica superaría a la energía eólica durante 2026 y se convertiría en la segunda mayor fuente renovable de electricidad del mundo, solamente por debajo de la hidroeléctrica.
La energía nuclear también contribuirá al crecimiento de la oferta. Su expansión será moderada en 2026 debido a retrasos en nuevos reactores y mantenimientos, pero se aceleraría por encima de 4% en 2027, apoyada por nuevas unidades en China e India, la elevada producción de Estados Unidos y Francia y la entrada en operación de proyectos previamente retrasados.
El avance de las energías limpias fortalece la seguridad de suministro y reduce la exposición a la volatilidad de los combustibles. Sin embargo, también traslada el principal desafío desde la construcción de capacidad de generación hacia la integración eficiente de esa capacidad dentro del sistema.
Las redes y la flexibilidad se convierten en el nuevo cuello de botella
La expansión de la generación solar y eólica exige redes más amplias, modernas y capaces de administrar flujos bidireccionales y variaciones rápidas en la producción. También requiere señales locacionales de precios más eficientes, almacenamiento, respuesta de la demanda y un mejor aprovechamiento de la infraestructura existente.
La frecuencia de los precios negativos confirma que algunos sistemas ya están incorporando generación renovable a un ritmo mayor que su capacidad para transportarla, almacenarla o desplazar el consumo hacia las horas de abundancia.
Durante el primer semestre de 2026, Australia Meridional y California registraron precios negativos en aproximadamente 20% de las horas del mercado mayorista. En España, la proporción aumentó de 10% en 2025 a 17%, impulsada por la elevada generación renovable.
En contraste, Suecia y Finlandia redujeron la proporción de horas con precios negativos de alrededor de 6% a solo 2%, gracias a una mayor flexibilidad tanto del lado de la oferta como de la demanda.
La experiencia de estos mercados demuestra que los precios negativos no son simplemente consecuencia de un exceso de electricidad barata. También reflejan restricciones técnicas, regulatorias y contractuales que impiden responder oportunamente a los cambios de generación.
La volatilidad crea oportunidades para el almacenamiento
La crisis del GNL elevó los costos de generación eléctrica con gas, pero su impacto fue muy diferente entre regiones. Durante el segundo trimestre de 2026, los precios mayoristas spot aumentaron más de 30% interanual en la Unión Europea y Japón.
Estados Unidos resultó mucho menos afectado y mantuvo precios promedio similares a los del año anterior. En India, el incremento fue inferior a 10%, debido a la menor participación del GNL en su matriz.
Australia presentó el resultado opuesto: sus precios mayoristas disminuyeron aproximadamente 45%, respaldados por una sólida producción renovable y por la rápida expansión del almacenamiento con baterías, que redujo la necesidad de utilizar centrales de gas durante las horas de máxima demanda.
Al mismo tiempo, los diferenciales intradiarios se ampliaron. Durante las olas de calor de junio en Europa, la diferencia entre los precios mínimos del mediodía y los máximos de la tarde-noche alcanzó 600 USD/MWh en distintos mercados.
Este comportamiento incrementa el valor económico de las baterías, la generación despachable y la respuesta de la demanda. Estos recursos pueden consumir o almacenar electricidad durante las horas de precios bajos y entregarla o reducir cargas cuando los precios aumentan.
La flexibilidad deja así de ser únicamente un requerimiento técnico y se convierte en una oportunidad de negocio. El valor futuro del mercado eléctrico no estará determinado exclusivamente por quién genere más energía, sino por quién pueda administrarla, almacenarla y entregarla cuando el sistema realmente la necesite.
El clima agrega un riesgo adicional
Un fenómeno de El Niño más intenso de lo previsto podría aumentar la demanda eléctrica durante 2026 al elevar las necesidades de enfriamiento. Simultáneamente, podría reducir la generación hidroeléctrica y eólica en regiones como América Latina y el Sudeste Asiático.
La combinación de mayor demanda y menor producción renovable obligaría a utilizar más carbón y gas para prevenir déficits de suministro. Para empresas eléctricas, grandes consumidores y operadores de redes, esta posibilidad refuerza la necesidad de incorporar escenarios climáticos en la planeación de capacidad, contratación de energía y administración de riesgos.
Implicaciones para México
México participa de las tendencias que están transformando el mercado eléctrico mundial: crecimiento de la demanda, expansión de la generación solar, elevada dependencia del gas natural y mayores necesidades de flexibilidad.
La crisis de Ormuz no afecta directamente el suministro mexicano de gas, abastecido principalmente mediante ductos desde Estados Unidos. Sin embargo, el crecimiento de las exportaciones estadounidenses de GNL puede aumentar la competencia por el gas de América del Norte y trasladar presiones de precios hacia el mercado mexicano.
Al mismo tiempo, la expansión de la generación solar distribuida y de gran escala incrementa la necesidad de modernizar redes, fortalecer la capacidad de transmisión y desarrollar almacenamiento. Sin estas inversiones, una mayor capacidad renovable puede traducirse en congestión, vertimientos de energía y señales de precios menos eficientes.
Para los consumidores industriales, los diferenciales horarios abren oportunidades para instalar sistemas de almacenamiento, administrar cargas y contratar energía con mayor flexibilidad. Las empresas que puedan desplazar parte de su consumo fuera de las horas de máxima demanda estarán mejor posicionadas para reducir costos y exposición a la volatilidad.
La experiencia internacional también ofrece una señal relevante para la planeación nacional: la incorporación de renovables debe avanzar acompañada de redes, baterías, generación flexible, pronósticos más precisos y mecanismos de respuesta de la demanda. La seguridad eléctrica dependerá cada vez menos de una sola tecnología y más de la capacidad para coordinar todos los recursos del sistema.
Perspectivas para los tomadores de decisiones
Cuatro mensajes principales:
La demanda eléctrica crecerá estructuralmente. Los centros de datos, la electrificación, los vehículos eléctricos y el enfriamiento están modificando las necesidades de capacidad.
Las renovables serán la principal fuente incremental. En 2026 superarán al carbón y ampliarán su participación durante 2027.
La flexibilidad se convierte en un activo estratégico. Redes, almacenamiento y respuesta de la demanda determinarán la capacidad para capturar el valor de la nueva generación.
La exposición a combustibles continúa siendo un riesgo. Los países dependientes del GNL enfrentaron mayores costos y, en algunos casos, tuvieron que reducir el consumo eléctrico.
Conclusión
El mercado mundial de electricidad está creciendo a pesar de las tensiones geopolíticas y de los mayores costos energéticos. La demanda aumentará más rápidamente en 2026 y 2027, mientras las energías renovables asumirán el liderazgo de la generación mundial.
Sin embargo, el crecimiento de la capacidad no garantiza por sí solo un suministro confiable y competitivo. La expansión de las redes, el almacenamiento, la respuesta de la demanda y la modernización de los mercados serán fundamentales para integrar la nueva generación y administrar la volatilidad.
La siguiente etapa de la transición eléctrica estará definida no únicamente por la cantidad de energía renovable instalada, sino por la capacidad de los sistemas para utilizarla eficientemente. Para gobiernos, empresas eléctricas, inversionistas y consumidores industriales, la flexibilidad se está convirtiendo en el recurso estratégico de la Era de la Electricidad.


