Reporte del Mercado de Petróleo : El Segundo Bimestre de 2026

La Mayor Disrupción Energética de la Historia Moderna

Por Energy Insights

El segundo bimestre de 2026 quedará registrado como uno de los periodos más disruptivos en la historia contemporánea del mercado petrolero internacional. Lo que comenzó a finales de febrero como un conflicto militar focalizado entre Estados Unidos, Israel e Irán evolucionó rápidamente hacia una crisis energética global de carácter sistémico, alterando simultáneamente los flujos físicos de petróleo, los balances de refinación, los inventarios estratégicos, las rutas marítimas y las expectativas de crecimiento económico mundial.

La magnitud del impacto no solo radica en la pérdida de producción o en la volatilidad de precios, sino en la velocidad con la que el mercado internacional pasó de operar bajo condiciones de relativa sobreoferta a enfrentar un entorno de déficit estructural, presión logística y destrucción acelerada de demanda. El centro de gravedad de la crisis fue, nuevamente, el Estrecho de Ormuz, punto por donde antes del conflicto transitaban alrededor de 20 millones de barriles diarios de crudo y productos refinados, consolidándose como el principal cuello de botella energético del planeta.

El inicio del choque: marzo y la paralización de Ormuz

Durante marzo, el mercado petrolero enfrentó la primera fase de la crisis: la interrupción abrupta de los flujos marítimos en el Golfo Pérsico y el deterioro progresivo de la infraestructura energética regional. Conforme el tránsito de buques tanque a través del Estrecho de Ormuz se reducía prácticamente a mínimos operativos, comenzó a materializarse la mayor pérdida de suministro registrada en la historia del mercado petrolero.

La limitada capacidad disponible para redireccionar exportaciones fuera del Estrecho provocó rápidamente una acumulación de inventarios en la región, mientras productores y comercializadores enfrentaban crecientes restricciones logísticas y de aseguramiento marítimo. Los principales países afectados, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar e Irak,  comenzaron a reducir producción conforme los tanques de almacenamiento se acercaban a saturación y disminuía la disponibilidad de embarcaciones dispuestas a operar en la zona.

Las primeras estimaciones de marzo ya reflejaban una reducción de al menos 8 millones de barriles diarios de producción de crudo, a los que se sumaban otros 2 millones de barriles diarios de condensados y líquidos de gas natural fuera de operación. En términos agregados, la oferta mundial de petróleo cayó alrededor de 8 millones de barriles diarios durante el mes, aunque parte de las pérdidas fueron compensadas por mayores niveles de producción provenientes de Estados Unidos, Brasil, Kazajistán y Rusia.

Sin embargo, el deterioro rápidamente trascendió el segmento upstream. La interrupción de exportaciones desde Medio Oriente comenzó a trasladarse hacia el mercado global de refinados, particularmente en diésel, combustibles para aviación y materias primas petroquímicas. Antes de la guerra, los países del Golfo exportaban aproximadamente 3.3 millones de barriles diarios de productos refinados y 1.5 millones de barriles diarios de gas licuado de petróleo. Con el cierre operativo de Ormuz, más de 3 millones de barriles diarios de capacidad de refinación quedaron fuera de operación debido a ataques directos, restricciones de exportación y problemas de seguridad.

La presión sobre los mercados físicos se trasladó rápidamente a Asia. La caída en disponibilidad de GLP y nafta comenzó a afectar de forma severa al sector petroquímico, mientras las cancelaciones masivas de vuelos en Medio Oriente reducían significativamente la demanda de combustible para aviación. India y diversos países de África Oriental comenzaron a enfrentar riesgos de suministro residencial de GLP, mientras los altos precios energéticos iniciaban un proceso de destrucción de demanda en distintos segmentos industriales.

En este contexto, la Agencia Internacional de Energía aprobó el 11 de marzo la liberación coordinada de 400 millones de barriles provenientes de reservas estratégicas, constituyendo la mayor intervención de emergencia registrada hasta ahora. El mercado aún contaba con inventarios globales superiores a 8.2 mil millones de barriles, de los cuales cerca del 50% correspondían a países OCDE, mientras China representaba aproximadamente el 15% y el petróleo almacenado en tránsito marítimo otro 25%. Sin embargo, desde ese momento resultaba evidente que las reservas solo podrían actuar como un mecanismo temporal de contención mientras persistiera la disrupción en Ormuz.

Abril: el mercado físico entra en tensión extrema

Durante abril, la crisis evolucionó desde una interrupción regional de suministro hacia un problema estructural de balances energéticos globales. La producción mundial de petróleo se desplomó otros 10.1 millones de barriles diarios hasta ubicarse en 97 millones de barriles diarios. La OPEP+ registró una caída mensual de 9.4 millones de barriles diarios, descendiendo hasta 42.4 millones, mientras la producción fuera del grupo cayó otros 770 mil barriles diarios hasta 54.7 millones.

El elemento más relevante del mes fue la creciente desconexión entre el mercado físico y los mercados financieros. Conforme los refinadores competían agresivamente por asegurar cargamentos disponibles, los precios spot comenzaron a separarse drásticamente de los futuros. El North Sea Dated alcanzó niveles cercanos a 150 dólares por barril, mientras los destilados medios en Singapur superaron los 290 dólares por barril, reflejando un mercado físico extremadamente ajustado.

En paralelo, los flujos a través del Estrecho de Ormuz permanecían severamente restringidos. Las exportaciones de crudo, líquidos de gas natural y productos refinados promediaban apenas 3.8 millones de barriles diarios, muy por debajo de los más de 20 millones observados antes del conflicto. Las rutas alternativas comenzaron a adquirir una relevancia estratégica creciente. Arabia Saudita incrementó exportaciones desde su costa occidental, Emiratos Árabes Unidos utilizó con mayor intensidad Fujairah y el oleoducto Iraq-Turquía hacia Ceyhan elevó parcialmente sus operaciones. Estas rutas permitieron aumentar exportaciones alternativas hasta 7.2 millones de barriles diarios, aunque insuficientes para compensar plenamente el colapso logístico regional.

Las pérdidas acumuladas de exportaciones ya superaban los 13 millones de barriles diarios, mientras las pérdidas de suministro asociadas alcanzaban más de 360 millones de barriles en marzo y otros 440 millones proyectados para abril. Conforme los consumidores recurrían agresivamente a inventarios estratégicos y comerciales, los balances globales comenzaron a deteriorarse rápidamente.

Durante marzo y abril, los inventarios globales observados cayeron en conjunto más de 200 millones de barriles. Solo en abril, las existencias terrestres fuera del Golfo disminuyeron 205 millones de barriles, equivalentes a 6.6 millones de barriles diarios. Asia comenzó a resentir con fuerza la reducción de importaciones. China disminuyó sus compras marítimas de crudo en 3.6 millones de barriles diarios entre febrero y abril, mientras Japón redujo 1.9 millones, Corea 1 millón e India 760 mil barriles diarios.

A medida que el mercado físico se estrechaba, la destrucción de demanda comenzó a acelerarse. Los sectores petroquímico y de aviación fueron los primeros en reaccionar debido a restricciones de materia prima y altos precios energéticos. La demanda mundial de petróleo cayó aproximadamente 800 mil barriles diarios interanuales en marzo y se proyectaba una contracción cercana a 2.3 millones de barriles diarios para abril. Lo que inicialmente era un ajuste temporal comenzó a transformarse en una revisión estructural de expectativas de consumo global.

Perspectiva para Mayo: el mercado entra formalmente en déficit

Para mayo, el mercado petrolero internacional operará ya bajo condiciones claras de déficit estructural. Las pérdidas acumuladas de suministro desde febrero alcanzaran 12.8 millones de barriles diarios, mientras la producción de los países del Golfo afectados por el cierre parcial de Ormuz se ubicará en 14.4 millones de barriles diarios por debajo de niveles prebélicos. La oferta mundial caerá hasta 95.1 millones de barriles diarios.

Sin embargo, el sistema energético global comenzará simultáneamente un proceso acelerado de adaptación. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos redireccionaron parte de sus exportaciones hacia terminales fuera del Estrecho. Estados Unidos, Brasil, Canadá, Kazajistán y Venezuela incrementarán producción y exportaciones hacia niveles récord. Las exportaciones provenientes de la Cuenca Atlántica aumentaránn 3.5 millones de barriles diarios desde febrero, redirigiéndose principalmente hacia mercados asiáticos altamente afectados.

Rusia también incrementará exportaciones como resultado de ataques recurrentes sobre sus refinerías domésticas, reduciendo consumo interno y aumentando disponibilidad exportable, mientras Estados Unidos flexibilizará  temporalmente ciertas restricciones sobre petróleo ruso almacenado en tránsito marítimo.

A pesar de estos ajustes, la presión comenzará a trasladarse con mayor intensidad hacia los mercados de refinados. Las corridas globales de refinación cayeron 4.5 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre, descendiendo hasta 78.7 millones de barriles diarios. Los márgenes de refinación permanecían históricamente elevados debido a la fuerte escasez de destilados medios y a la reducción de capacidad operativa derivada de daños de infraestructura, restricciones comerciales y limitaciones logísticas.

Del lado de la demanda, el deterioro económico global y los altos precios energéticos comenzaron a consolidar una contracción estructural del consumo. La previsión anual de demanda para 2026 pasó de crecimiento positivo a una caída estimada de 420 mil barriles diarios, equivalente a un deterioro de 1.3 millones de barriles diarios respecto al escenario previo al conflicto. Durante el segundo trimestre, la contracción de demanda alcanzará 2.45 millones de barriles diarios, de los cuales 930 mil correspondían a países OCDE y 1.5 millones a economías no OCDE.

La petroquímica continuaba siendo el sector más afectado debido a la creciente escasez de materias primas, mientras la actividad aérea permanecía muy por debajo de niveles normales. Paradójicamente, la propia debilidad de la demanda comenzaba a funcionar como mecanismo de estabilización parcial del mercado.

Un mercado estructuralmente más vulnerable

Hacia el cierre de mayo, el mercado petrolero global mostrará señales inequívocas de transformación estructural. La crisis confirmó nuevamente la enorme vulnerabilidad del sistema energético internacional ante eventos geopolíticos concentrados en puntos críticos de tránsito. El Estrecho de Ormuz volvió a demostrar que continúa siendo el principal nodo estratégico del comercio energético mundial.

Al mismo tiempo, el conflicto aceleró diversas tendencias de fondo: el fortalecimiento estratégico de la Cuenca Atlántica como proveedor alternativo, la creciente importancia de los inventarios estratégicos, la vulnerabilidad estructural de las cadenas petroquímicas globales y la necesidad de diversificación logística y energética para gobiernos y consumidores industriales.

Aunque el escenario base de mercado continúa asumiendo una eventual reapertura gradual de Ormuz hacia el segundo semestre de 2026, la recuperación de la oferta probablemente será más lenta que la recuperación de la demanda. Bajo estas condiciones, el mercado petrolero permanecería en déficit al menos hasta el cuarto trimestre del año, manteniendo elevados niveles de volatilidad, presión sobre inventarios y estrechez en productos refinados.

El segundo bimestre de 2026 no solo representa un episodio coyuntural de volatilidad energética. Representa, sobre todo, un recordatorio contundente de que la seguridad energética, la resiliencia logística y la geopolítica del petróleo continúan siendo factores centrales en la estabilidad económica global.

Suscríbete y recibe gratis nuestra revista