Del número de empleos a la capacidad de ejecutar
Septiembre 2026
Por Editorial Energy Insights
El capital humano continúa consolidándose como infraestructura crítica de la transformación energética, pero el análisis comienza a adquirir mayor precisión. La pregunta ya no es solamente si existirán suficientes profesionales para acompañar las inversiones. Ahora importa determinar qué competencias se requieren, en qué ubicación, durante qué etapa del proyecto y cuánto tiempo toma desarrollarlas.
Las nuevas evidencias muestran que la escasez de talento dejó de ser una preocupación de largo plazo. Ya representa un riesgo para la seguridad, los calendarios y la continuidad operativa. También revelan que el déficit no se concentra exclusivamente en ingenieros: técnicos electromecánicos, soldadores, instaladores, instrumentistas, operadores, especialistas en mantenimiento y mandos medios pueden convertirse en restricciones igualmente importantes.
El insight que se afianza es que el talento debe planearse desde la prefactibilidad de cada inversión. Esperar hasta que una instalación esté próxima a operar puede resultar demasiado tarde cuando la formación, certificación y transferencia de conocimiento requieren varios años.
El conocimiento operativo se convierte en un riesgo crítico
Laguna Verde muestra la dimensión más sensible del problema. Los cambios salariales y pensionarios podrían acelerar la salida de personal especializado y erosionar conocimiento acumulado en la única central nuclear mexicana. En una instalación de esta naturaleza, cubrir una plaza no equivale a sustituir la experiencia perdida. La seguridad depende de años de capacitación, certificación, práctica y comprensión de procedimientos específicos.
La retención, la sucesión y la transferencia generacional dejan así de ser asuntos exclusivamente laborales. Se convierten en componentes de seguridad industrial y continuidad operativa. Esta tendencia se extiende a redes eléctricas, gasoductos, terminales de GNL, parques eólicos, sistemas de almacenamiento y centros de control.
Las empresas tendrán que identificar puestos críticos, edad y permanencia del personal, riesgo de rotación y tiempo necesario para preparar sustituciones. La experiencia sénior adquiere mayor valor cuando puede combinarse con nuevas competencias digitales y convertirse en vehículo para acelerar el aprendizaje de las generaciones siguientes.
El cuello de botella está en la ejecución
La escasez de ingenieros continúa siendo relevante, pero pierde suficiencia como explicación del problema. En territorios relacionados con Vaca Muerta, litio, minería y GNL, puede resultar más difícil contratar soldadores, electricistas, instrumentistas o técnicos de mantenimiento.
Estos perfiles materializan las inversiones. Un proyecto puede disponer de ingeniería, permisos y financiamiento, pero no iniciar operaciones oportunamente si carece de personal certificado para montaje, pruebas, seguridad y mantenimiento.
Surge por ello una nueva tendencia: los mapas de demanda laboral. La planeación deberá establecer cuántas personas se necesitan, qué competencias deben acreditar, cuándo deben incorporarse, durante cuánto tiempo y en qué territorio. También tendrá que diferenciar empleo de construcción, operación, mantenimiento y servicios indirectos.
Esta segmentación evita que las expectativas se construyan alrededor de cifras agregadas de “miles de empleos”. La utilidad de una estimación laboral depende de identificar cuáles plazas serán temporales, cuáles permanentes, cuáles pueden cubrirse localmente y cuáles requerirán formación o atracción externa.
Del aula al aprendizaje aplicado
La capacitación especializada se afianza, pero evoluciona hacia modelos más prácticos. Magallanes entregó electrolizadores a liceos técnicos; la ANDE desarrolló un parque solar didáctico con sus participantes; y la cooperación entre el INEEL y la UTEC incorporó góndolas, simuladores de realidad virtual y visitas a parques eólicos.
La enseñanza energética requiere laboratorios, simuladores, equipos, prácticas profesionales y acceso a instalaciones operativas. Los contenidos exclusivamente teóricos pierden vigencia rápidamente frente a tecnologías, normas y procedimientos que evolucionan de manera continua.
La formación de formadores emerge además como un componente estratégico. Río Negro prepara docentes en energía, minería y desarrollo sostenible, mientras distintos programas buscan despertar vocaciones desde edades tempranas. Antes de ampliar indiscriminadamente la matrícula, gobiernos y empresas deberán fortalecer instructores, equipamiento y vinculación con la demanda industrial.
El cambio de interpretación es importante: formar más personas no garantiza disponer del talento correcto. La efectividad se medirá por certificaciones, experiencia práctica, inserción laboral y capacidad para desempeñar funciones críticas.
Inteligencia artificial y reconversión
La inteligencia artificial profundiza la demanda de perfiles híbridos. En Vaca Muerta ya se aplica a gestión documental, análisis de datos, monitoreo y control. Las tareas administrativas repetitivas serán las primeras en automatizarse, seguidas por algunas funciones logísticas y operativas.
Esto no implica necesariamente una desaparición generalizada del empleo, pero sí una recomposición. Perderán peso ciertas tareas y crecerá la necesidad de interpretar información, supervisar sistemas automáticos y combinar experiencia de campo con herramientas digitales.
Paraguay ilustra el riesgo de separar infraestructura y talento. Su electricidad competitiva podría atraer centros de inteligencia artificial, pero la limitada disponibilidad de especialistas puede impedir que el conocimiento y los empleos de mayor valor permanezcan en el país. Chile intenta una estrategia más integrada al combinar energía renovable, conectividad, estabilidad y desarrollo de capacidades.
La diferencia no consiste únicamente en atraer centros de datos. Radica en construir alrededor de ellos investigación, proveedores, talento y propiedad intelectual. De lo contrario, una economía puede aportar electricidad y territorio mientras importa las capacidades de mayor valor.
Los empleos requieren proyectos ejecutables
Los empleos verdes continúan como oportunidad, pero su interpretación se vuelve más rigurosa. El noreste de Inglaterra busca alcanzar 25,000 nuevos puestos hacia 2035 mediante coordinación entre autoridades, banca, puertos, empresas, infraestructura eólica y formación. Teesside muestra el contraste: los retrasos de inversión han dejado trabajadores esperando oportunidades anunciadas que aún no se materializan.
La lección es que los empleos proyectados deben distinguirse de los creados, ocupados y sostenidos. Contratos, inversión comprometida, calendarios de construcción y mecanismos de inserción local son indispensables. Capacitar sin demanda próxima y verificable puede provocar frustración, migración y desconfianza.
Río Negro y Neuquén muestran una vía para convertir inversión en desarrollo territorial mediante escuelas técnicas, universidades, capacitación en GNL y petróleo, inglés, prácticas profesionales y prioridad a trabajadores regionales. El objetivo no debe limitarse a ocupar plazas básicas, sino permitir el avance hacia supervisión, ingeniería, servicios especializados y emprendimiento proveedor.
La ampliación genérica de matrícula y las promesas agregadas de empleo comienzan, por tanto, a perder centralidad. La tendencia que se afianza es la consideración del talento como infraestructura; las nuevas señales son el mapeo anticipado de competencias, la formación aplicada y la reconversión digital; y el enfoque que se diluye es capacitar sin vincularse con proyectos y contratos reales.
Para México, el siguiente paso será incorporar a cada inversión energética un plan de capital humano con puestos críticos, sucesión, certificaciones, alianzas educativas y presupuesto de reconversión. Los equipos pueden comprarse y las instalaciones construirse; el conocimiento requiere tiempo. Quienes comiencen primero podrán reducir riesgos de ejecución y capturar los empleos, proveedores y capacidades de mayor valor.


