Conflicto Irán versus EE. UU. e Israel, y sus impactos en México

¿Qué significa esta crisis energética global para México?

Por Amado Villarreal

Aunque el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel ocurre a miles de kilómetros de distancia, sus efectos podrían sentirse en la economía mexicana a través de cuatro canales principales: precios energéticos, fertilizantes, logística global y cadenas industriales.

México no depende directamente del petróleo del Golfo Pérsico como lo hacen las economías asiáticas, pero está profundamente integrado en un sistema energético global donde los precios se determinan en mercados internacionales.

El aumento del precio internacional del petróleo podría generar un impacto fiscal positivo para México, dado que una parte de los ingresos públicos aún está vinculada a las exportaciones de crudo. El precio del crudo mexicano suele moverse en correlación con el West Texas Intermediate (WTI) y el Brent, que han superado los 100 dólares por barril durante la crisis.

Esto podría traducirse en: mayores ingresos petroleros para el gobierno federal; mayor flujo de exportaciones de crudo pesado mexicano hacia refinerías estadounidenses; y mayor rentabilidad para la producción petrolera. Sin embargo, el efecto no es completamente positivo. México importa una gran parte de los combustibles refinados que consume, alrededor del 70%, especialmente gasolina y diésel desde Estados Unidos. Si el petróleo se mantiene caro, también aumentarán los costos de refinación y transporte, lo que presiona los precios domésticos o los subsidios gubernamentales.

En otras palabras, el país puede ganar como exportador de crudo, pero perder como importador de combustibles. En este segundo papel es donde se ha empeñado a seguir en los últimos 8 años.

Por otro lado, el sistema eléctrico mexicano depende fuertemente del gas natural, que representa aproximadamente 60% de la generación eléctrica a través de plantas de ciclo combinado. La mayor parte de ese gas proviene de Estados Unidos, empleándose en un 54% de ese gas importado para generar energía eléctrica, por lo que México no depende directamente del gas del Golfo Pérsico. Sin embargo, el mercado del gas natural licuado (GNL) sí es global y eventualmente de forma indirecta y marginal afecta los precios regionales de referencia como el Henry Hub.

Si la interrupción del Estrecho de Ormuz afecta el comercio de GNL hacia Asia, podría generarse un reacomodo global de flujos de gas, elevando precios internacionales y presionando los mercados regionales, al menos marginalmente.

Para México esto puede implicar: mayor volatilidad en precios del gas; elevar presión sobre tarifas eléctricas industriales; y un eventual impacto en industrias electro intensivas.

Uno de los impactos más relevantes podría venir del mercado de fertilizantes, especialmente si la guerra interrumpe las exportaciones desde el Golfo Pérsico. México importa una parte significativa de los fertilizantes que utiliza su sector agrícola, incluidos insumos nitrogenados como la urea, cuyo comercio global depende en gran medida del gas natural.

Si los precios internacionales de fertilizantes continúan aumentando, el país podría enfrentar: mayores costos de producción agrícola; presión sobre precios de alimentos; y un incremento en subsidios o programas de apoyo al campo, aunque esto último en México casi se ha olvidado.

Este efecto podría sentirse con mayor intensidad hacia finales del año, cuando se reflejen los costos de la temporada de siembra actual, con los cual se sellarían los últimos tres trimestres del año con presiones inflacionarias que seguramente presionarán las tasas de interés al alza.

México también podría experimentar impactos indirectos a través de cadenas globales de manufactura, especialmente en sectores que dependen de: petroquímicos; plásticos; químicos industriales; acero y semiconductores.

El encarecimiento de insumos energéticos y petroquímicos podría aumentar los costos de producción para industrias como: la automotriz, la electrónica; los electrodomésticos, y empaques y plásticos.

Esto ocurre en un momento particularmente delicado, ya que México se encuentra en medio de un proceso de reconfiguración industrial asociado al nearshoring vinculado al Plan México, donde el nearshoring podría estar viviendo su “tercer aire” aunque los problemas estructurales de déficit de infraestructura en México persisten, y sus empresas públicas en energía siguen vulnerables.

Sin embargo, la crisis también podría abrir oportunidades. En un escenario de alta volatilidad energética global, la proximidad de México al mercado estadounidense y su integración energética con América del Norte podrían convertirse en ventajas estratégicas frente a regiones más dependientes del Golfo Pérsico. Pero ¿Dónde hemos oído esto antes? ¿Por nuestras limitaciones ideológicas volveremos a dejar pasar la oportunidad? Todo indicaría que sí, si no somos más pragmáticos en la política industrial y energética.

El conflicto en Medio Oriente pone en evidencia que incluso países geográficamente alejados del Golfo Pérsico siguen siendo parte de un sistema energético profundamente interconectado.

Para México, el impacto probablemente no vendrá de una interrupción directa del suministro energético, sino de efectos secundarios en precios, cadenas industriales, comercio global e impactos en estabilidad macroeconómica vía deuda e inflación principalmente.

En este contexto, la crisis también reabre debates estratégicos sobre: seguridad energética; dependencia de combustibles importados; desarrollo de petroquímica nacional; expansión de energías renovables; y resiliencia de las cadenas industriales.

En un mundo donde los conflictos geopolíticos pueden alterar rápidamente los mercados energéticos, la diversificación de fuentes, tecnologías y cadenas de suministro se vuelve cada vez más un tema de competitividad económica y seguridad nacional.

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